Cuando una herida tarda más de lo esperado en cicatrizar, aumenta el dolor durante las curaciones o aparecen cambios en la piel alrededor, muchas personas se preguntan si el tratamiento actual es el más adecuado.

Durante años, la curación de heridas se asoció principalmente con gasa, antiséptico y vendaje. Ese enfoque puede ser útil en heridas simples, superficiales y de bajo riesgo. Las heridas crónicas o complejas, en cambio, requieren una mirada más amplia: conocer la causa, evaluar el tejido, controlar el exudado, proteger la piel perilesional y adaptar el tratamiento según la evolución.

La diferencia entre curación tradicional y curación avanzada va más allá del tipo de apósito utilizado. Representa dos formas distintas de entender la herida: una centrada en cubrir y proteger, y otra orientada a crear las mejores condiciones posibles para que el cuerpo repare el tejido [1,2].

¿Qué es la curación tradicional de heridas?

La curación tradicional es el enfoque que históricamente se utilizó para el manejo de heridas simples. Se basa en limpiar la zona, cubrirla con gasas o vendajes convencionales y protegerla del ambiente externo.

Los materiales más frecuentes son las gasas de algodón, vendas, soluciones antisépticas y apósitos básicos. En cortes menores, abrasiones leves o heridas quirúrgicas cerradas que evolucionan bien, este tipo de curación puede cumplir adecuadamente su función.

En heridas crónicas, profundas, exudativas o con tejido comprometido, este abordaje suele quedar limitado. La gasa puede adherirse al tejido nuevo, generar dolor al retirarla, favorecer la desecación del lecho y requerir cambios frecuentes. Además, el uso repetido de algunos antisépticos puede afectar células necesarias para la reparación tisular cuando se emplean de manera sostenida o fuera de indicación [3,4].

Por eso, en heridas de mayor complejidad, el objetivo actual es avanzar hacia un tratamiento más selectivo, menos traumático y adaptado a la evolución clínica.

Entre sus principales desventajas clínicas se encuentran:

  • Adherencia de la gasa al lecho de la herida, lo que genera dolor y daño tisular en cada cambio de apósito.
  • Desecación del tejido de granulación, que enlentece la cicatrización.
  • Necesidad de cambios frecuentes, lo que aumenta el riesgo de contaminación y el costo en tiempo y recursos.
  • Uso de antisépticos con potencial citotóxico que pueden dañar el tejido sano en formación.
  • Escasa capacidad de manejo del exudado en heridas con alta producción de líquido.

¿Qué es la curación avanzada de heridas?

La curación avanzada de heridas reúne estrategias terapéuticas basadas en la evidencia actual para favorecer la reparación del tejido. Su principio central es mantener un ambiente local equilibrado: con humedad adecuada para facilitar la actividad celular y con control del exudado para proteger la piel y evitar maceración. [2,3].

Este enfoque parte de una evaluación integral. Antes de elegir un apósito, se analiza la causa de la herida, su profundidad, el tipo de tejido presente, la cantidad de exudado, la piel perilesional, el dolor, la presencia de infección, la circulación, la presión local, la nutrición y las enfermedades asociadas.

La curación avanzada incluye mucho más que materiales modernos. Su eficacia depende de tratar la causa que mantiene abierta la herida: presión sostenida, edema venoso, isquemia, infección, alteraciones metabólicas, desnutrición, fragilidad cutánea o trauma repetido. [2,5].

El desarrollo del conocimiento en cicatrización de heridas permitió crear apósitos con mayor capacidad funcional: materiales que ayudan a conservar condiciones óptimas durante más tiempo, manejar mejor el exudado, proteger el tejido en formación y, en algunos casos, aportar o liberar componentes que acompañan la reparación tisular. Por eso, la elección del apósito debe responder a una planificación terapéutica precisa y no meramente a una selección genérica.

Este enfoque no se limita a cambiar el tipo de apósito. Implica una evaluación integral de la herida —su etiología, profundidad, nivel de exudado, presencia de infección, estado del tejido perilesional y condición general del paciente— para diseñar un plan de tratamiento individualizado. Es el modelo que sustenta el trabajo de equipos especializados como los de SANA, con más de 10 años de experiencia exclusiva en cicatrización avanzada en Argentina.

Curación tradicional vs curación avanzada: diferencias clave en cicatrización

La comparación entre ambos enfoques no es simplemente tecnológica: refleja dos paradigmas distintos sobre cómo entender la herida y como abordarla. 

  • Ambiente de cicatrización: seco vs húmedo equilibrado

La curación tradicional suele buscar que la herida permanezca seca y cubierta. En heridas simples, esto puede ser suficiente. En heridas crónicas o complejas, el objetivo actual es diferente: mantener un ambiente húmedo controlado y un adecuado balance del exudado [3].

Un lecho demasiado seco puede dificultar la migración celular y enlentecer la formación de tejido nuevo. Un exceso de humedad, en cambio, puede macerar la piel alrededor y aumentar la fragilidad de los bordes. La curación avanzada busca ese punto de equilibrio, ajustando el apósito según la etapa de cicatrización y la cantidad de exudado [3,4].

  • Dolor durante las curaciones

El dolor en cada cambio de apósito es una de las experiencias que más afecta a quienes conviven con una herida crónica. Cuando la gasa se adhiere al tejido de granulación, su retiro puede lesionar tejido nuevo y transformar cada curación en un momento traumático.

Muchos apósitos avanzados están diseñados para reducir la adherencia al lecho de la herida. Las interfaces de silicona, los apósitos atraumáticos y ciertos materiales de contacto permiten proteger el tejido en formación y hacer cambios más confortables [3,4].

Reducir el dolor durante las curaciones mejora la experiencia del paciente, facilita la continuidad del tratamiento y permite realizar un seguimiento más ordenado.

  • Frecuencia de cambios y costo real

El costo de un tratamiento de heridas debe analizarse de manera global. Una gasa puede tener bajo costo unitario, pero requerir cambios diarios o varias veces por día. En cambio, muchos apósitos avanzados pueden permanecer colocados durante más tiempo, siempre que la herida, el nivel de exudado y la condición clínica lo permitan [3,4].

En heridas crónicas de larga evolución, el análisis del costo total incluye insumos, tiempo profesional, visitas domiciliarias, dolor, complicaciones, frecuencia de curaciones y evolución clínica. Cuando la indicación es correcta, la curación avanzada puede contribuir a un uso más eficiente de los recursos y a una mejor experiencia para el paciente.
Aunque algunos apósitos avanzados tienen un costo unitario mayor que los materiales convencionales, el costo real del tratamiento no depende solo del precio de cada producto. Cuando un apósito permite espaciar los cambios de manera segura, controlar mejor el exudado y reducir la manipulación del lecho, también puede disminuir el tiempo profesional requerido, la cantidad total de insumos, las visitas de curación y la carga asistencial. En heridas crónicas o de evolución prolongada, esta diferencia puede impactar tanto en la experiencia del paciente como en el uso de recursos del sistema de salud. Por eso, la comparación entre curación tradicional y avanzada debe considerar el costo total del proceso, y no únicamente el valor individual del apósito. [8,9].

  • Mantener estable el ambiente de cicatrización

Extender la frecuencia de cambio de apósitos, cuando la herida y el tipo de material lo permiten, tiene un valor biológico, clínico y organizativo. Cada curación interrumpe de algún modo el microambiente que la herida necesita para reparar: temperatura estable, humedad equilibrada, pH adecuado, protección del tejido de granulación y avance progresivo de la epitelización [1,3].

Una analogía simple es la del bizcochuelo en el horno: para que crezca bien, necesita conservar temperatura y condiciones estables; abrir el horno cada dos minutos altera ese ambiente y afecta el resultado. Con una herida ocurre algo parecido: cuanto más estable y protegido se mantiene el lecho, mejores condiciones tiene el tejido para avanzar.

Además, espaciar los cambios reduce dolor, ansiedad y manipulación de la zona, mejora el confort del paciente y permite usar mejor los recursos del equipo de salud, especialmente en tratamientos domiciliarios o heridas que requieren seguimiento prolongado [3]. 


Tipos de apósitos utilizados en curación avanzada

En la curación avanzada, el apósito se elige según las características de la herida. Cada material cumple una función específica y puede ser útil en una etapa determinada del proceso de cicatrización. La selección debe considerar el tipo de tejido, la cantidad de exudado, la profundidad, la piel perilesional, la presencia de infección, el dolor y los objetivos clínicos del tratamiento [4,5].

  • Hidrogeles: Los apósitos de hidrogel aportan humedad al lecho de la herida. Pueden utilizarse en heridas secas, con tejido desvitalizado o con necesidad de favorecer la desbridación autolítica. Ayudan a hidratar el tejido y a preparar el lecho para avanzar hacia una etapa más activa de reparación [3,4].
  • Espumas de poliuretano: Los apósitos de espuma, también llamados foam, tienen buena capacidad de absorción. Se utilizan en heridas con exudado moderado a alto, ya que ayudan a manejar el líquido sin desecar el tejido. También pueden aportar protección mecánica en zonas expuestas a roce o presión [3,4].
  • Alginatos Los alginatos son apósitos derivados de algas marinas, con alta capacidad absorbente. Se indican en heridas con exudado abundante y también pueden ser útiles cuando existe sangrado leve, por su capacidad de favorecer la hemostasia local [4].
  • Hidrofibras Las hidrofibras son apósitos de gran capacidad absorbente que forman un gel al entrar en contacto con el exudado. Ayudan a retener el líquido dentro de su estructura, reducir la maceración de la piel perilesional y adaptarse al lecho de la herida. Son especialmente útiles en heridas exudativas, cavitadas o con necesidad de manejo preciso de la humedad [3,4].
  • Hidrocoloides Los hidrocoloides forman un gel en contacto con el exudado y ayudan a mantener un ambiente húmedo protegido. Pueden ser útiles en heridas superficiales, con bajo a moderado exudado, y en zonas donde se busca una cobertura cómoda y estable [3,4].
  • Apósitos antimicrobianos Los apósitos con plata, yodo, PHMB u otros agentes antimicrobianos pueden utilizarse en heridas con signos de infección local, sospecha de biofilm o carga microbiana elevada. Su indicación debe tener un objetivo claro, un tiempo definido y reevaluación periódica [5,6]. Los apósitos con carbón activado pueden ayudar al control del olor, especialmente en heridas con exudado o carga bacteriana elevada, y en algunos casos se combinan con otros componentes antimicrobianos.
  • Apósitos de silicona de contacto Las interfaces de silicona son útiles en heridas dolorosas, piel frágil o zonas donde se busca proteger el tejido nuevo durante los cambios de apósito. Su principal valor es reducir el trauma al retiro y cuidar la piel perilesional [3,4].
  • Terapia de presión negativa La terapia de presión negativa, también conocida como TPN, utiliza presión subatmosférica controlada para favorecer la formación de tejido de granulación, manejar el exudado y ayudar en la aproximación de bordes en heridas seleccionadas. Puede indicarse en heridas profundas, cavitadas, postquirúrgicas, traumáticas o de difícil evolución, siempre dentro de un plan integral [7].

¿Cuándo se recomienda la curación avanzada?

La curación avanzada se considera especialmente útil cuando la herida requiere algo más que cobertura básica. Algunas situaciones frecuentes son:

  • Heridas que evolucionan lentamente o mantienen escasa progresión luego de varias semanas de cuidados adecuados.
  • Úlceras por presión de estadio II en adelante.
  • Úlceras venosas, arteriales o mixtas.
  • Pie diabético.
  • Heridas con exudado moderado o abundante.
  • Heridas con tejido necrótico, esfacelos o sospecha de biofilm.
  • Heridas postquirúrgicas con dehiscencia o evolución tórpida.
  • Lesiones con cavidades, túneles o compromiso profundo.
  • Pacientes con piel frágil, enfermedades crónicas o factores que alteran la cicatrización.

En todos estos casos, la decisión terapéutica debe integrarse con el tratamiento de la causa. Una úlcera venosa puede requerir compresión cuando está indicada. Una lesión por presión necesita descarga y redistribución de la presión. Una herida arterial exige evaluación de la perfusión. Un pie diabético requiere control metabólico, descarga, evaluación vascular y vigilancia de infección [2,5]. El apósito correcto ayuda, pero el plan completo es lo que transforma la evolución.

Para quienes desean profundizar en el manejo domiciliario, la guía sobre tratamiento de heridas en domicilio ofrece información práctica sobre los beneficios de recibir atención especializada en el hogar.

El rol de la evidencia y el acompañamiento especializado

La transición desde la curación tradicional hacia un modelo basado en evidencia no es solo una cuestión de insumos: implica formación, protocolos y seguimiento. Las principales organizaciones internacionales en manejo de heridas —WUWHS, EWMA, IWII y WHS— han desarrollado consensos que orientan la práctica clínica hacia un enfoque centrado en el paciente, con criterios claros para la selección de apósitos, el control de la infección, el desbridamiento y la evaluación periódica de la herida. [2,5]. 

La curación avanzada requiere criterio clínico, seguimiento y ajustes. Una herida puede cambiar de una semana a otra: disminuir el exudado, aumentar la fragilidad de la piel, modificar el tipo de tejido o mostrar signos de infección local. Por eso, el tratamiento debe revisarse de manera periódica [2,5,6].

En Argentina, contar con un equipo especializado marca una diferencia real en los resultados. SANA trabaja desde hace más de una década con protocolos actualizados, atención hospitalaria y domiciliaria coordinada, acompañando tanto a pacientes como a profesionales e instituciones en el manejo de heridas complejas. La experiencia acumulada, combinada con el uso de tecnología de cicatrización avanzada, permite abordar casos que con curación tradicional difícilmente lograrían una resolución satisfactoria.

El enfoque correcto marca la diferencia

La diferencia entre curación tradicional y curación avanzada está en la forma de interpretar la herida. En heridas simples, superficiales y de bajo riesgo, la curación convencional puede ser adecuada. En heridas crónicas o complejas, el abordaje avanzado permite evaluar la causa, proteger el tejido, controlar el exudado, reducir el trauma en las curaciones y adaptar el tratamiento según la evolución [2–5].

Elegir el enfoque correcto ayuda a mejorar las condiciones de cicatrización, cuidar la calidad de vida del paciente y utilizar los recursos de manera más racional.

Si tenés una herida que no mejora o querés saber si el tratamiento actual es el más adecuado, el primer paso es consultar con un equipo especializado. En SANA podemos ayudarte a evaluar tu situación y diseñar un plan de tratamiento basado en evidencia, adaptado a tus necesidades reales.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la curación avanzada de heridas?

La curación avanzada de heridas es un enfoque terapéutico basado en evidencia científica que utiliza apósitos activos y técnicas especializadas para crear el ambiente óptimo de cicatrización. A diferencia del método tradicional, prioriza la cura en ambiente húmedo, reduce el dolor durante los cambios y se adapta a las características específicas de cada herida.

¿Cuál es la diferencia entre cura húmeda y cura seca?

La cura seca, propia de la curación tradicional, busca mantener la herida sin humedad usando gasas convencionales. La cura húmeda, base de la curación avanzada, mantiene un nivel controlado de humedad en el lecho de la herida, lo que favorece la migración celular, acelera la cicatrización y reduce el daño tisular durante los cambios de apósito.

¿Por qué la curación avanzada es más efectiva que la tradicional en heridas crónicas?

Porque aborda las condiciones reales que impiden la cicatrización: tejido necrótico, infección, exudado excesivo y ambiente inadecuado. Los apósitos activos crean condiciones fisiológicas óptimas, reducen complicaciones y disminuyen la frecuencia de cambios. Los consensos internacionales del WUWHS y la EWMA respaldan este enfoque como estándar en heridas crónicas complejas.

Referencias

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  2. Sibbald, R. G., Elliott, J. A., Persaud-Jaimangal, R., Goodman, L., Armstrong, D. G., Harley, C., Coelho, S., Xi, N., Evans, R., Mayer, D. O., Zhao, X., Heil, J., Kotru, B., Delmore, B., LeBlanc, K., Hill, M., Woo, K., Ayello, E. A., & Somayaji, R. (2021). Wound bed preparation 2021. Advances in Skin & Wound Care, 34(4), 183–195. https://doi.org/10.1097/01.ASW.0000733724.87630.d6
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  4. Shi, C., Wang, C., Liu, H., Li, Q., Li, R., Zhang, Y., Liu, Y., Shao, Y., & Wang, J. (2020). Selection of appropriate wound dressing for various wounds. Frontiers in Bioengineering and Biotechnology, 8, 182. https://doi.org/10.3389/fbioe.2020.00182
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  7. Shehata, M. S. A., Bahbah, E., El-Ayman, Y., Abdelkarim, A. H., Abdalla, A. R., Morshedy, A., Turkmani, K., Seth, I., & Seth, N. (2022). Effectiveness of negative pressure wound therapy in patients with challenging wounds: A systematic review and meta-analysis. Wounds, 34(12), E126–E134. https://doi.org/10.25270/wnds/21061
  8. Milne, C., McFee, K., Costa, B., Askew, N., Allen, D., & Atkinson, L. (2026). Reduced clinical and economic burden through evidence-based dressing selection for wound management: Findings from a systematic literature review and meta-analysis. International Wound Journal, 23(Suppl. 1), e70906. https://doi.org/10.1111/iwj.70906
  9. Marešová, P., Randlová, K., Režný, L., Hruška, J., Wolff-Winiski, B., Dupin, D., & Kuča, K. (2026). A systematic review of the cost-effectiveness of interventions for chronic wounds. International Wound Journal, 23(3), e70858. https://doi.org/10.1111/iwj.70858

El Dr. Juan Ignacio Saverino es médico egresado de la Universidad de Buenos Aires (Diploma de Honor) y especialista en heridas complejas y cicatrización avanzada.Con más de 10 años de experiencia, se enfoca en terapias como presión negativa, matrices dérmicas y abordajes integrales para defectos tisulares. Es director médico de SANA, donde lidera la implementación de soluciones innovadoras basadas en evidencia para optimizar los resultados clínicos.