Las úlceras venosas son heridas abiertas que aparecen como consecuencia de una alteración persistente en la circulación venosa de las piernas. Se localizan habitualmente en el tercio inferior de la pierna, cerca del tobillo, y pueden permanecer abiertas durante semanas o meses cuando la causa que las sostiene continúa activa. También presentan una marcada tendencia a reaparecer después del cierre si la enfermedad venosa permanece sin controlar. [1,2]
Atravesar esta situación puede resultar agotador. El dolor, el exudado, la hinchazón, las curaciones frecuentes y las dificultades para caminar pueden interferir con el descanso, la movilidad y las actividades cotidianas. Por eso, el tratamiento debe contemplar tanto la evolución de la herida como su impacto sobre la calidad de vida. [1,11]
En SANA llevamos más de 10 años acompañando a personas con heridas complejas. Entendemos que detrás de cada úlcera existe una historia clínica y personal que requiere una evaluación completa, un tratamiento especializado y un seguimiento sostenido.
¿Qué son las úlceras venosas y por qué son tan frecuentes?
Una úlcera venosa es una pérdida de continuidad de la piel asociada con una enfermedad venosa crónica. Suele aparecer en la región comprendida entre el tobillo y la pantorrilla, especialmente alrededor de la cara interna del tobillo. [1,2]
También se las conoce popularmente como úlceras varicosas, aunque este término resulta más limitado. Algunas personas presentan várices visibles, mientras que otras desarrollan la úlcera por una obstrucción venosa profunda, una trombosis previa, un daño valvular o una alteración en el funcionamiento de la bomba muscular de la pantorrilla. [2]
La enfermedad venosa constituye una de las causas más frecuentes de ulceración crónica de la pierna. Sin embargo, una herida localizada en esta región no debe considerarse venosa solo por su apariencia. Las úlceras arteriales, mixtas, neuropáticas, inflamatorias, traumáticas o tumorales pueden compartir algunas características. Por eso, el diagnóstico requiere integrar la historia clínica, el examen de la herida y una evaluación circulatoria completa. [1,2]
¿Por qué aparecen las úlceras venosas?
Las venas transportan la sangre desde las piernas hacia el corazón. Para realizar este recorrido cuentan con válvulas que orientan el flujo y con la contracción de los músculos de la pantorrilla, que actúan como una bomba durante la marcha.
Cuando existe reflujo, obstrucción venosa o una bomba muscular debilitada, la presión dentro del sistema venoso permanece elevada durante más tiempo. Esta situación se conoce como hipertensión venosa ambulatoria. [2]
Con el tiempo, la presión sostenida favorece el edema, la inflamación de los tejidos y diferentes alteraciones de la microcirculación. La piel pierde resistencia y capacidad de adaptación. En ese contexto, un traumatismo pequeño, una fisura o el deterioro progresivo del tejido pueden dar origen a la herida. [2]
Por eso, la úlcera representa la parte visible de un problema circulatorio más profundo. Para favorecer su cicatrización resulta fundamental actuar sobre la enfermedad venosa y el edema que la mantienen abierta.

Principales causas y factores asociados
Las úlceras venosas pueden relacionarse con una o varias de las siguientes condiciones: [1,2]
- Insuficiencia venosa crónica: las válvulas venosas pierden eficiencia y permiten que parte de la sangre retroceda hacia la pierna.
- Várices y reflujo venoso superficial: las venas superficiales dilatadas o incompetentes pueden contribuir a mantener una presión elevada en los tejidos.
- Antecedentes de trombosis venosa profunda: una trombosis puede dejar una obstrucción residual o daños permanentes en las válvulas. Esta situación forma parte del síndrome postrombótico.
- Alteración de la bomba muscular de la pantorrilla: la movilidad reducida, los trastornos de la marcha y la disminución de la movilidad del tobillo pueden dificultar el retorno venoso.
- Edema crónico: la acumulación persistente de líquido aumenta el volumen de la extremidad, modifica las propiedades de los tejidos y vuelve a la piel más vulnerable.
- Obesidad y baja movilidad: pueden aumentar la carga sobre el sistema venoso y reducir la eficacia de la bomba muscular.
- Traumatismos: un golpe, un rascado o una herida pequeña pueden iniciar una úlcera sobre una piel previamente debilitada.
La diabetes, la enfermedad arterial periférica, la insuficiencia cardíaca, las alteraciones nutricionales y otras enfermedades sistémicas también pueden coexistir. Estas condiciones modifican el riesgo, la tolerancia a la compresión y la capacidad de reparación, por lo que deben contemplarse al diseñar el tratamiento. [1,2]
Síntomas de insuficiencia venosa y señales tempranas
La enfermedad venosa puede producir cambios progresivos antes de que aparezca la úlcera. Reconocerlos permite iniciar medidas preventivas y proteger la piel.
Los signos y síntomas más frecuentes incluyen: [1,2]
- Pesadez o cansancio en las piernas, especialmente al final del día.
- Hinchazón de los tobillos y las piernas.
- Picazón, ardor o sensación de calor.
- Várices visibles.
- Piel seca, descamada o con eccema venoso.
- Manchas marrones por depósito de pigmentos derivados de la sangre.
- Enrojecimiento o cambios persistentes en la coloración.
- Endurecimiento y fibrosis de la piel y del tejido subcutáneo.
Las manchas marrones se relacionan con la salida y degradación de componentes de la sangre en los tejidos. El eccema venoso puede generar picazón, enrojecimiento, descamación y fragilidad de la piel. [2]
La lipodermatoesclerosis es una alteración más profunda asociada con inflamación y fibrosis de la piel y del tejido subcutáneo. Suele localizarse en el tercio inferior de la pierna y, en etapas avanzadas, puede modificar la forma de la extremidad y asociarse con un mayor riesgo de ulceración. [2]
La aparición de una herida alrededor del tobillo, la salida persistente de líquido a través de la piel, el aumento del dolor o un cambio rápido en el aspecto de la pierna justifican una evaluación especializada.

¿Cómo se diagnostica una úlcera venosa?
El diagnóstico comienza con una evaluación clínica completa. Se consideran los antecedentes, la localización y las características de la herida, el edema, el estado de la piel, la presencia de várices, los pulsos, la sensibilidad, la movilidad y las enfermedades asociadas. [1]
También debe evaluarse la circulación arterial antes de indicar compresión fuerte. El índice tobillo-brazo, conocido como ITB, compara la presión sistólica del tobillo con la del brazo y forma parte de esta evaluación. El ITB aporta información sobre la circulación arterial y contribuye, junto con la evaluación clínica y otros estudios de perfusión cuando son necesarios, a definir la seguridad y la intensidad de la compresión.
El ecodoppler venoso permite estudiar la anatomía y el funcionamiento de los sistemas venosos superficial y profundo. Puede identificar reflujo, obstrucciones y secuelas de trombosis, y ayuda a determinar si existe una alteración susceptible de tratamiento vascular. Las guías actuales lo consideran el principal estudio por imágenes para evaluar la enfermedad venosa crónica. [2]
Cuando la localización, el aspecto, el dolor o la evolución de la herida resultan atípicos, corresponde ampliar la investigación diagnóstica. En algunos casos puede ser necesaria una biopsia para descartar vasculitis, enfermedades inflamatorias, alteraciones hematológicas o lesiones tumorales. [1]
Tratamiento de las úlceras venosas
El tratamiento requiere actuar de manera coordinada sobre tres niveles:
- La enfermedad venosa y el edema.
- Las condiciones locales de la herida.
- Los factores generales que influyen en la reparación tisular.
El apósito cumple una función importante, pero representa solo una parte de la estrategia. La evolución depende especialmente de la capacidad del tratamiento para disminuir la hipertensión venosa que mantiene abierta la lesión. [1,2]
Terapia de compresión: el pilar del tratamiento
La terapia de compresión constituye el tratamiento de primera línea para la mayoría de las úlceras venosas. Consiste en aplicar una presión externa controlada sobre la pierna para reducir el edema y contrarrestar los efectos de la hipertensión venosa. Su uso se asocia con mejores probabilidades y menor tiempo de cicatrización que la ausencia de compresión. [2,3]
Puede aplicarse mediante:
- Vendajes compresivos.
- Sistemas multicomponentes.
- Medias o sistemas de compresión para úlceras.
- Dispositivos ajustables con velcro.
- Sistemas elásticos, inelásticos o combinados.
En personas con circulación arterial adecuada, las guías recomiendan habitualmente sistemas de compresión fuerte diseñados para aportar una presión cercana o superior a 40 mmHg en el tobillo. La presión realmente ejercida depende del producto, la técnica de colocación, la forma de la pierna, el movimiento y las características de los tejidos. [2,3]
El tipo de sistema debe adaptarse a la circulación arterial, el edema, la anatomía de la pierna, la movilidad, la tolerancia, la destreza y las posibilidades de cada paciente para sostener el tratamiento.
En términos simples, la compresión ayuda a reducir el volumen de la pierna y mejora las condiciones hemodinámicas en las que debe repararse el tejido.
Su indicación requiere una evaluación vascular previa. Cuando existe enfermedad arterial asociada, puede ser necesario reducir o modificar la compresión y realizar controles más estrechos. Los valores de ITB, presión de tobillo o presión digital deben interpretarse dentro del cuadro clínico completo. [1,2]
Tratamiento del reflujo o de la obstrucción venosa
La compresión controla gran parte de las consecuencias de la hipertensión venosa. El ecodoppler permite identificar si además existe una alteración anatómica susceptible de tratamiento.
En pacientes seleccionados con reflujo venoso superficial, los procedimientos endovenosos permiten cerrar o excluir del circuito una vena incompetente y redirigir el flujo hacia venas con un funcionamiento más eficiente.
La evidencia actual indica que la ablación endovenosa temprana, combinada con compresión, puede acelerar la cicatrización en personas adecuadamente seleccionadas. El tratamiento de las venas incompetentes también forma parte de la estrategia destinada a disminuir el riesgo de recurrencia a largo plazo.[4]
Una vez cerrada la úlcera, el tratamiento del reflujo venoso superficial puede formar parte de la estrategia destinada a disminuir el riesgo de nuevas ulceraciones. La indicación depende de los hallazgos del ecodoppler, del estado del sistema venoso profundo y de las condiciones generales del paciente. [2]
En personas con obstrucciones venosas profundas, secuelas postrombóticas o anatomías complejas, la estrategia vascular se define de manera individual.
Cuidado local de la herida
El cuidado local busca crear condiciones favorables para la reparación mientras se controla la causa venosa.
Sus objetivos principales incluyen: [1,7]
- Limpiar la superficie de la herida.
- Retirar tejido desvitalizado cuando esté indicado.
- Mantener una humedad controlada.
- Contener el exudado.
- Proteger la piel perilesional.
- Disminuir el dolor.
- Detectar signos de infección.
- Favorecer la granulación y la epitelización.
El desbridamiento puede realizarse mediante diferentes métodos. La elección depende del tejido presente, la perfusión, la profundidad, el dolor, el riesgo de sangrado y los objetivos clínicos.
Los apósitos se seleccionan de acuerdo con la función que necesita la herida. Pueden utilizarse espumas, alginatos, hidrofibras, hidrogeles, materiales superabsorbentes e interfaces de contacto, entre otras opciones.
La evidencia disponible presenta un grado importante de incertidumbre y no permite establecer que una familia de apósitos sea universalmente superior para todas las úlceras venosas. La selección debe considerar el volumen de exudado, la profundidad, el dolor, la piel perilesional, la frecuencia de cambio y la compatibilidad con el sistema de compresión. [7]
Infección, carga microbiana y biofilm
Todas las heridas abiertas pueden contener microorganismos. Esto es frecuente y no significa, por sí solo, que exista una infección. Por esa razón, la presencia de bacterias en una úlcera no siempre requiere antibióticos. [5,6]
La infección local aparece cuando esos microorganismos comienzan a dañar los tejidos y provocan una respuesta en el organismo. Algunas señales de alerta son el aumento del dolor, el calor local, el enrojecimiento que se extiende alrededor de la herida, la secreción purulenta, la fiebre o el deterioro del estado general.
Los antibióticos sistémicos se utilizan cuando existen signos y síntomas compatibles con una infección. En cambio, administrarlos de manera rutinaria en una úlcera que contiene bacterias pero no presenta infección no acelera la cicatrización y puede favorecer la resistencia antimicrobiana.
El biofilm es muy frecuente en las heridas crónicas y puede convertirse en una barrera importante para la cicatrización. Se forma cuando los microorganismos se organizan en comunidades adheridas a la herida y producen una estructura protectora que aumenta su tolerancia frente a las defensas del organismo y a muchos tratamientos antimicrobianos. [6]
Su presencia puede contribuir a mantener la inflamación y favorecer que la herida permanezca estancada o vuelva a deteriorarse después de una mejoría inicial. Sin embargo, el biofilm no suele formar una capa visible ni puede confirmarse únicamente por el aspecto de la úlcera.
Por eso, cuando una herida crónica no progresa como se esperaba, la sospecha de biofilm adquiere especial importancia. Al mismo tiempo, es necesario revisar otros factores que también pueden frenar la cicatrización, como la compresión insuficiente, el edema, la circulación arterial y venosa, el tejido desvitalizado, la continuidad del tratamiento o la presencia de una causa atípica.
Terapias avanzadas para úlceras venosas complejas
Algunas úlceras presentan gran tamaño, larga evolución, profundidad, exposición de estructuras, exudado abundante o una respuesta insuficiente al tratamiento inicial. En estos casos pueden considerarse terapias complementarias después de revisar y optimizar el diagnóstico vascular, la compresión, el control del edema y la preparación del lecho.
Terapia de presión negativa
La terapia de presión negativa puede utilizarse en úlceras seleccionadas como parte de una estrategia reconstructiva, especialmente cuando existe una herida profunda, un volumen elevado de exudado o la necesidad de preparar y estabilizar el lecho antes de un injerto. [8]
La evidencia específica para su uso como tratamiento principal de las úlceras venosas sigue siendo limitada. Sin embargo, sus potenciales beneficios clínicos justifican su utilización en lesiones seleccionadas de difícil cicatrización. La revisión Cochrane identificó evidencia procedente de un estudio pequeño, en el que esta terapia se aplicó principalmente como parte de una secuencia terapéutica asociada a injertos cutáneos. Por este motivo, sus resultados no pueden extrapolarse al conjunto de las úlceras venosas.
La terapia de presión negativa acompaña el tratamiento de la causa venosa. La compresión y el control del edema continúan ocupando el centro de la estrategia.
Injertos, sustitutos tisulares y terapias biológicas
Los injertos cutáneos y algunos sustitutos tisulares han sido evaluados como tratamientos complementarios en úlceras venosas seleccionadas que mantienen una evolución insuficiente pese a una estrategia compresiva y vascular adecuada. La elección depende del tipo de defecto y de la evidencia disponible para cada tecnología.
La evidencia no es equivalente para todas las tecnologías. Una revisión Cochrane encontró que determinados sustitutos cutáneos bilaminares utilizados junto con compresión aumentaban la probabilidad de cicatrización. Para otros tipos de injertos y sustitutos, la evidencia fue insuficiente para establecer conclusiones firmes. [9]
Las matrices extracelulares y otros productos biológicos deben evaluarse de acuerdo con la evidencia específica de cada producto, su indicación, la profundidad de la herida y el objetivo reconstructivo. Los resultados de una tecnología no pueden atribuirse automáticamente a toda una categoría de productos.
Su utilización requiere un lecho viable, perfusión suficiente, control del edema, manejo de la carga microbiana y una estrategia compresiva efectiva.
Estas tecnologías aportan una herramienta adicional. Su resultado depende de la capacidad del tejido para responder y del tratamiento de las condiciones que originaron la herida.
¿Cuánto tiempo tarda en cerrar una úlcera venosa?
El tiempo de cicatrización varía entre cada persona. Entre los factores que pueden influir se encuentran: [1,2]
- El tamaño y la profundidad de la úlcera.
- El tiempo que lleva abierta.
- La magnitud del edema.
- La presencia de enfermedad arterial.
- Los antecedentes de trombosis.
- La movilidad.
- El estado nutricional y general.
- La posibilidad de sostener la compresión.
- La anatomía y el funcionamiento del sistema venoso.
- La presencia de infección u otras complicaciones.
Algunas úlceras pequeñas y recientes pueden evolucionar favorablemente en pocas semanas. Las heridas extensas, recurrentes o de larga evolución suelen requerir períodos más prolongados y una estrategia de mayor complejidad.
Más importante que prometer una fecha exacta es medir la trayectoria de la herida. La reducción progresiva de la superficie, el control del edema, la aparición de tejido viable y el avance de la epitelización permiten evaluar la respuesta de una manera más confiable que una fotografía aislada.
Cuando la herida muestra una reducción escasa o permanece estancada durante las primeras semanas de un tratamiento correctamente aplicado, corresponde revisar el diagnóstico, la compresión, la perfusión arterial, la anatomía venosa, la adherencia y los factores que pueden estar limitando la reparación. [1,2]
Cómo prevenir una úlcera venosa y evitar la recidiva
El cierre de la herida representa una etapa fundamental, aunque la enfermedad venosa puede continuar presente. La prevención de recurrencias requiere mantener el control circulatorio a largo plazo.
Las principales medidas incluyen: [2,10]
- Continuar con compresión graduada después del cierre.
- Elegir un sistema que el paciente pueda utilizar de manera sostenida.
- Mantener actividad física regular de acuerdo con las posibilidades individuales.
- Caminar y realizar ejercicios de movilidad del tobillo.
- Favorecer el funcionamiento de la bomba muscular de la pantorrilla.
- Elevar las piernas durante algunos períodos de descanso.
- Controlar el edema.
- Mantener un peso corporal adecuado.
- Hidratar y proteger la piel.
- Tratar el eccema y las fisuras de manera temprana.
- Realizar controles vasculares periódicos.
- Tratar el reflujo u otras alteraciones venosas cuando esté indicado.
La compresión posterior al cierre es una de las medidas con mayor respaldo para reducir las recurrencias. Los niveles más altos de compresión pueden ofrecer una mayor protección en algunas personas, aunque también pueden resultar más difíciles de colocar o sostener. Por eso, la presión y la modalidad deben equilibrar eficacia, tolerancia y adherencia. [10]

Por qué elegir un equipo especializado en heridas complejas
El tratamiento de una úlcera venosa surge de una estrategia coordinada. Requiere identificar la causa, evaluar la circulación, controlar el edema, seleccionar la compresión, cuidar la herida y medir su evolución.
En SANA llevamos más de 10 años trabajando en heridas complejas y reparación tisular. Nuestro equipo acompaña a pacientes, familias e instituciones mediante protocolos basados en evidencia, atención hospitalaria y domiciliaria coordinada y un seguimiento adaptado a cada etapa del proceso.
Una úlcera que persiste, recurre o presenta una evolución estancada merece una nueva evaluación. Revisar el diagnóstico y el tratamiento puede cambiar el rumbo de la cicatrización.
Si tenés una úlcera venosa o necesitás una segunda opinión especializada, escribinos. Un integrante de nuestro equipo va a conocer tu situación y orientarte sobre los próximos pasos.
Preguntas frecuentes sobre úlceras venosas en piernas
¿Cómo curar úlceras en las piernas de forma efectiva?
El tratamiento efectivo de las úlceras en las piernas de origen venoso requiere combinar terapia de compresión elástica, cuidado local adecuado del lecho de la herida y control de los factores sistémicos. La compresión es el pilar fundamental. En casos complejos, pueden sumarse terapias avanzadas como la presión negativa o apósitos especializados, siempre bajo supervisión de un especialista en heridas.
¿Qué causa las úlceras venosas en las piernas?
Las úlceras venosas son causadas principalmente por insuficiencia venosa crónica, que genera hipertensión venosa capilar y daño tisular progresivo. Entre los factores de riesgo más frecuentes se encuentran las várices, antecedentes de trombosis venosa profunda, obesidad, sedentarismo y edema crónico de miembros inferiores. La combinación de estos factores favorece la aparición de heridas que no cicatrizan espontáneamente.
¿Cuánto tiempo tardan en sanar las úlceras venosas?
Con un tratamiento correcto y sostenido, muchas úlceras venosas pueden cerrar entre 12 y 24 semanas. Sin embargo, el tiempo varía según el tamaño, la profundidad, el tiempo de evolución y la adherencia al tratamiento compresivo. Una herida que no progresa en 4 semanas de tratamiento adecuado debe ser reevaluada por un especialista en cicatrización avanzada.
Las recomendaciones generales de este artículo se basan en revisiones sistemáticas, metaanálisis, revisiones Cochrane y artículos científicos revisados por pares publicados entre 2020 y 2026. La información tiene fines educativos y no reemplaza la evaluación clínica individual de cada paciente.
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