Cuando una persona pasa muchas horas en cama o en silla de ruedas sin poder moverse con libertad, la piel y los tejidos profundos quedan expuestos a una amenaza silenciosa: las escaras o lesiones por presión. Para quienes cuidan a un familiar o trabajan en entornos de salud, enfrentarse a estas heridas puede generar angustia, dudas y una sensación de impotencia. Entender qué son, cómo se clasifican y qué cuidados son necesarios es el primer paso para actuar con eficacia y confianza.
¿Qué son las escaras o lesiones por presión?
Las lesiones por presión —también conocidas como escaras, úlceras de decúbito o úlceras por presión— son daños localizados en la piel y los tejidos subyacentes que se producen como consecuencia de una presión sostenida, generalmente sobre prominencias óseas. Las fuerzas de presión y cizallamiento alteran la perfusión, favorecen la deformación de los tejidos y modifican el intercambio metabólico local, contribuyendo al daño celular progresivo.
Estas lesiones pueden asociarse a complicaciones clínicas relevantes, especialmente en personas con movilidad reducida, fragilidad o enfermedades crónicas. Según consensos internacionales como los del World Union of Wound Healing Societies (WUWHS) y la European Wound Management Association (EWMA), las lesiones por presión son reconocidas como un problema de salud pública global, con alta prevalencia en personas hospitalizadas, residentes de centros de larga estancia y pacientes con enfermedades neurológicas o crónicas que limitan la movilidad.
Además de la presión directa, otros factores contribuyen a su formación:
- Fricción: roce de la piel contra superficies.
- Cizallamiento: fuerzas paralelas que desplazan los tejidos internos.
- Humedad excesiva: macera la piel y reduce su resistencia.
- Desnutrición: compromete la integridad tisular y la capacidad de reparación.
- Edad avanzada: la piel pierde elasticidad y resistencia con el tiempo.
Comprender estos mecanismos es clave para una prevención de lesiones por presión efectiva. 
Clasificación: los grados de las escaras según evidencia internacional
La clasificación de úlceras por presión más utilizada a nivel mundial es la del National Pressure Injury Advisory Panel (NPIAP), adoptada también por organismos europeos y latinoamericanos. Esta escala describe cuatro estadios principales más dos categorías adicionales, según la profundidad del daño tisular.
Estadio 1: eritema no blanqueable
La piel se encuentra intacta, pero presenta una zona rojiza que no desaparece al presionar con el dedo. En personas con piel oscura puede manifestarse como cambios en la temperatura, textura o sensación. Es el estadio más temprano y, si se interviene de manera precoz, puede ser potencialmente reversible. La detección precoz en esta etapa es fundamental: permite intervenir antes de que el daño avance hacia capas más profundas.
Estadio 2: pérdida parcial del espesor dérmico
En el estadio 2 existe una pérdida superficial de piel con exposición de la dermis. Puede verse como una erosión, una úlcera poco profunda o una ampolla con líquido claro o seroso. El lecho suele ser rosado o rojizo, húmedo y viable.
El cuidado se orienta a proteger la zona, manejar la humedad, reducir la fricción y seleccionar un apósito adecuado según el exudado, la localización y la comodidad del paciente. También es importante revisar la causa mecánica que originó la lesión para disminuir la carga sobre esa zona. [2,3,4]
Estadio 3: pérdida total del espesor de la piel
En el estadio 3, la lesión compromete todo el espesor de la piel y alcanza el tejido subcutáneo. Puede observarse tejido adiposo, tejido de granulación, esfacelo, bordes enrollados, socavaciones o trayectos.
La intervención de un equipo especializado en tratamiento de heridas complejas y cicatrización avanzada resulta indispensable. El plan puede incluir limpieza, desbridamiento, control de la carga bacteriana, manejo del exudado, descarga de presión, soporte nutricional y selección de apósitos o terapias avanzadas según la evolución. [4,7,12]
Estadio 4: pérdida tisular total con exposición de estructuras profundas
Corresponde a una de las formas más avanzadas de daño tisular. En el estadio 4, la lesión alcanza planos profundos y puede exponer o hacer palpable fascia, músculo, tendón, ligamento, cartílago o hueso. También pueden presentarse esfacelo, escara, socavaciones o trayectos.
Son heridas complejas que requieren abordaje interdisciplinario. El tratamiento puede incluir desbridamiento, control infeccioso, manejo avanzado de la herida, soporte nutricional, descarga de presión, terapias avanzadas y, en algunos casos, estrategias quirúrgicas. [4,7,12]
Lesión por presión no estadiable y lesión de tejidos profundos
Además de los cuatro estadios principales, existen categorías especiales.
La primera es la lesión con profundidad cubierta por esfacelo o escara. En estos casos, el tejido que cubre el lecho limita la visualización de la profundidad real durante la evaluación inicial. Esta categoría también se conoce como lesión por presión no estadiable. La conducta depende de la localización, la perfusión, el estado del tejido y el criterio clínico.
En especial, las escaras secas, estables y adheridas en talón o en miembros con mala perfusión requieren evaluación especializada antes de indicar su retiro, ablandamiento o desbridamiento.
La segunda es la lesión de tejidos profundos. Puede presentarse como una zona violácea, marrón, rojo oscuro o como una ampolla con contenido hemático. Indica daño en planos internos, incluso cuando la piel superficial parece relativamente conservada.
Estas situaciones requieren evaluación temprana por un equipo con experiencia en heridas.

Zonas del cuerpo más vulnerables
Las lesiones por presión se desarrollan con mayor frecuencia en zonas donde el tejido queda comprimido entre una prominencia ósea y una superficie externa. [2]
Las localizaciones habituales incluyen:
- Sacro y cóccix: frecuentes en personas que permanecen mucho tiempo acostadas boca arriba.
- Talones: especialmente vulnerables por la escasa cobertura de tejido blando.
- Trocánteres: habituales en personas que permanecen en decúbito lateral.
- Isquiones: frecuentes en pacientes que pasan muchas horas sentados.
- Occipucio, orejas, codos y maléolos: zonas de riesgo en pacientes neurológicos, críticos o con movilidad reducida.
También existen lesiones por presión asociadas a dispositivos médicos. Pueden aparecer debajo o alrededor de sondas, máscaras de oxígeno, cánulas, collarines, férulas, tubos, ortesis o sistemas de sujeción. Su forma suele coincidir con el dispositivo que generó la presión. Las lesiones asociadas a dispositivos médicos constituyen un problema relevante, especialmente en pacientes críticos, y requieren vigilancia específica. [9,10]

Prevención de lesiones por presión: estrategias basadas en evidencia
La prevención es una parte central del cuidado. Las medidas deben adaptarse al riesgo individual, al entorno, a la movilidad del paciente, a la superficie de apoyo y al estado general. Las revisiones sistemáticas recientes respaldan el uso de intervenciones preventivas combinadas, especialmente cuando se integran evaluación del riesgo, movilización, superficies de apoyo, cuidado de la piel, educación y seguimiento. [4,5,6,11,12]
Las estrategias principales incluyen:
- Evaluación sistemática del riesgo: escalas como Braden o Norton ayudan a identificar pacientes vulnerables y ordenar las intervenciones. La escala no reemplaza el criterio clínico, pero puede ayudar a organizar la vigilancia y priorizar medidas preventivas.
- Cambios posturales y movilización: el reposicionamiento permite redistribuir la carga mecánica. La frecuencia debe individualizarse según el riesgo, la tolerancia del paciente, la superficie de apoyo y los objetivos de cuidado. La evidencia disponible respalda el reposicionamiento como parte de la prevención, aunque no define una única frecuencia ideal aplicable a todos los pacientes. [5]
- Superficies de redistribución de presión: colchones, almohadones y sistemas especiales ayudan a reducir la carga sobre las prominencias óseas. La elección debe considerar peso, tamaño, postura, nivel de riesgo, humedad, entorno de uso y posibilidad de mantenimiento. [6]
- Cuidado de la piel: la piel debe mantenerse limpia, hidratada y protegida frente a humedad, fricción y maceración. La inspección regular permite detectar cambios tempranos. [3,4]
- Control de humedad e incontinencia: el manejo adecuado de sudor, orina, materia fecal o exudado protege la barrera cutánea y mejora la tolerancia de la piel. [3]
- Nutrición e hidratación: la evaluación nutricional es fundamental, especialmente en personas con pérdida de peso, bajo consumo proteico, enfermedades crónicas o heridas complejas. Las intervenciones nutricionales forman parte del abordaje integral, aunque deben indicarse según la evaluación individual y el contexto clínico. [7]
- Educación de cuidadores y familiares: saber cómo movilizar, observar la piel, reconocer señales de alerta y pedir ayuda a tiempo mejora la continuidad del cuidado. La educación del paciente y de sus cuidadores es una intervención relevante dentro de los programas preventivos, especialmente cuando se adapta al entorno de cuidado. [8]
- Revisión de dispositivos médicos: los dispositivos deben tener tamaño adecuado, colocación correcta, fijación segura y controles periódicos de la piel de apoyo. En pacientes críticos, los protocolos de prevención de lesiones asociadas a dispositivos incluyen educación, evaluación, documentación, higiene, reposicionamiento y uso selectivo de apósitos o sistemas protectores. [9,10]
Cuidados y tratamiento de las úlceras por presión
Los cuidados de úlceras de decúbito deben adaptarse al estadio de la lesión, las condiciones del paciente y el entorno de atención. No existe un único protocolo universal, pero sí principios clínicos consensuados internacionalmente que guían la toma de decisiones. El tratamiento se define según el estadio de la lesión, el estado general del paciente, la localización, el nivel de exudado, la presencia de tejido desvitalizado, el riesgo infeccioso, la perfusión y los objetivos terapéuticos. [2,4,12]
Un concepto central es que los apósitos son indispensables pero no suficientes. Ayudan significativamente, pero la descarga de presión es igual de importante. Tratar una herida mientras persiste la misma carga mecánica dificulta la evolución favorable.
Los principios habituales incluyen:
- Alivio de la presión: toda estrategia de tratamiento debe acompañarse de descarga o redistribución de la presión. Esto puede incluir cambios posturales, almohadones, colchones especiales, protectores de talón u otras medidas adaptadas al paciente. [5,6]
- Limpieza de la herida: la higiene del lecho ayuda a retirar residuos, exudado y material suelto, y prepara la herida para el tratamiento local.
- Desbridamiento: cuando existe tejido necrótico o desvitalizado, puede indicarse desbridamiento autolítico, enzimático, mecánico, instrumental o quirúrgico. La elección depende de la herida, la perfusión, el dolor, el riesgo infeccioso y el estado clínico.
- Control de la carga bacteriana: la evaluación clínica permite diferenciar colonización, carga bacteriana elevada, infección local e infección sistémica. Según el caso, pueden utilizarse antisépticos adecuados, apósitos antimicrobianos o antibióticos sistémicos indicados por el equipo tratante.
- Manejo del exudado: el apósito debe ayudar a controlar la humedad, proteger la piel perilesional y favorecer un ambiente local adecuado para la reparación tisular.
- Selección de apósitos: hidrocoloides, alginatos, hidrofibras, espumas, siliconas, apósitos antimicrobianos y otros materiales pueden formar parte del plan según el tipo de herida y los objetivos de cada etapa.
- Confort del paciente: el dolor, la tolerancia a las curaciones, la movilización y el descanso forman parte del tratamiento. Un plan adecuado contempla la experiencia del paciente y la seguridad del cuidado.
- Terapias avanzadas: en heridas complejas pueden considerarse terapias como presión negativa, matrices dérmicas, injertos, colgajos u otros recursos especializados. La indicación depende de la evaluación clínica y del objetivo terapéutico. En el caso de la terapia de presión negativa para lesiones por presión, la evidencia disponible sugiere potencial utilidad en algunos desenlaces, pero la certeza global sigue siendo limitada; por eso su indicación debe individualizarse y formar parte de una estrategia clínica completa. [13]
El seguimiento periódico permite ajustar el plan, medir la evolución, detectar complicaciones y decidir cambios de estrategia. Conocé más sobre estas opciones en nuestra sección de tipos de tratamientos para heridas complejas.
Cuándo consultar a un equipo especializado
La consulta especializada cobra especial importancia cuando la lesión progresa, presenta tejido necrótico, aumenta el exudado, aparecen signos de infección, hay dolor persistente, exposición de estructuras profundas, olor intenso, fiebre, deterioro del estado general o dificultad para sostener los cuidados en el domicilio.
También resulta útil consultar ante lesiones en sacro, talones, isquiones, heridas asociadas a dispositivos médicos o pacientes con diabetes, enfermedad vascular, fragilidad, desnutrición o movilidad muy limitada. [1,7,9]
El rol del equipo especializado en heridas complejas
El manejo de lesiones por presión avanzadas requiere más que un cambio de apósito. Implica diagnóstico de la causa, descarga de presión, preparación del lecho, control del exudado, soporte nutricional, movilización, educación del cuidador y seguimiento clínico. [4,7,8,12]
El abordaje interdisciplinario puede incluir médicos, enfermeros especializados en heridas, nutricionistas, kinesiólogos, terapistas ocupacionales y cirujanos, según la complejidad de cada caso.
En SANA contamos con más de 10 años de experiencia en cicatrización avanzada y heridas complejas en Argentina. Trabajamos con criterios clínicos y protocolos de seguimiento alineados con la evidencia disponible y con recomendaciones internacionales, tanto en instituciones como en el domicilio del paciente. Coordinamos cada etapa del tratamiento junto al equipo de salud, el paciente y sus cuidadores.
Una evaluación temprana permite ordenar el tratamiento, definir prioridades y acompañar mejor la evolución de la herida. Si estás enfrentando una lesión por presión en un ser querido o en tu práctica clínica, no postergues la consulta especializada. La intervención oportuna puede cambiar radicalmente el pronóstico de la herida y la calidad de vida del paciente. Conocé más sobre quiénes somos y cómo trabajamos.
Preguntas frecuentes sobre escaras y lesiones por presión
¿Qué son las escaras por presión?
Son lesiones localizadas en la piel y los tejidos profundos causadas por presión sostenida, generalmente sobre prominencias óseas o debajo de dispositivos médicos. También pueden participar fuerzas de cizallamiento, humedad, fricción, fragilidad cutánea, alteraciones de la perfusión y enfermedades asociadas. [2,3]
¿Las escaras forman parte de las lesiones asociadas a la dependencia?
Sí. Las lesiones por presión forman parte de las lesiones cutáneas relacionadas con la dependencia, junto con otros daños de la piel vinculados a humedad, fricción, cizallamiento y pérdida de autonomía para movilizarse o realizar cuidados básicos. Este marco ayuda a comprender que el problema suele depender de varios factores combinados.
¿Cuáles son los grados de las escaras?
Las lesiones por presión se clasifican en cuatro estadios principales. En el estadio 1, la piel permanece íntegra y aparece un cambio persistente de coloración, temperatura o sensibilidad. El estadio 2 compromete parcialmente el espesor de la piel. Cuando la lesión alcanza el tejido subcutáneo, corresponde al estadio 3. Si hay exposición o palpación de estructuras profundas como fascia, músculo, tendón, cartílago o hueso, se trata de un estadio 4.
También existen categorías especiales, como la lesión con profundidad cubierta por esfacelo o escara y la lesión de tejidos profundos.
¿Cómo prevenir las úlceras por presión en personas encamadas?
La prevención incluye evaluación del riesgo, cambios posturales, superficies de redistribución de presión, cuidado de la piel, control de humedad, soporte nutricional, hidratación, movilización posible y educación de cuidadores. La estrategia debe adaptarse a cada paciente y revisarse de manera periódica. [4,5,6,7,8,11,12]
¿Cuándo consultar por una lesión por presión?
Conviene consultar cuando aparece una lesión en una zona de apoyo, cuando la piel cambia de color o temperatura, cuando hay ampollas, dolor, secreción, olor intenso, tejido oscuro, fiebre o deterioro general. En pacientes con movilidad reducida, diabetes, enfermedad vascular o fragilidad, la evaluación temprana ayuda a definir un plan de cuidado más seguro.
¿Qué es lo más importante en el tratamiento de una escara?
El tratamiento requiere mirar la herida y también el contexto que la produjo. La descarga de presión, el cuidado de la piel, la limpieza del lecho, el manejo del exudado, la nutrición, la movilidad y el seguimiento clínico forman parte del mismo plan.
Las recomendaciones generales de este artículo se basan en revisiones sistemáticas, metaanálisis, revisiones Cochrane y artículos científicos revisados por pares publicados entre 2020 y 2026. La información tiene fines educativos y no reemplaza la evaluación clínica individual de cada paciente.
Referencias
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